Compliance Las verdades del barquero
Compliance Las verdades del barquero

LAS VERDADES DEL BARQUERO

Pan duro, duro, más vale duro que ninguno…la función de compliance se debe de ejercer con autonomía e independencia, al menos una independencia tal que permita en un momento determinado dirigirse a los máximos responsables de la compañía para revelar, llegado el caso, lo que es probable que no quieran oír.

Independencia y función de compliance

 

El compliance se incorpora a la empresa con la finalidad de mejorar su actividad, de acercar la ética al comportamiento de la organización y de mejorar sus resultados evitando vías de fraude que conllevan gastos innecesarios y aumentando las oportunidades de negocio derivadas de la confianza que ofrece y transmite la empresa, además de las consideraciones derivadas de la eventual responsabilidad penal de la persona jurídica.

 

En un adecuado plan de compliance es esencial que exista un órgano supervisor del funcionamiento general del modelo que asumirá la responsabilidad de la función de cumplimiento normativo. (1)

 

Y es fundamental que esta función se pueda ejercer con autonomía e independencia, al menos una independencia tal que permita en un momento determinado dirigirse a los máximos responsables para decirles las verdades del barquero (2), para revelar en su caso lo que es probable que no quieran oír.

 

Las verdades del barquero

 

No se trata de ‘cantar las cuarenta’ a nadie, no es ésta la función de cumplimiento, sino de sacar a la luz lo que no estaba destinado a conocerse, hechos o circunstancias que conllevan o pueden acarrear perjuicio para la empresa, y de hacerlo ‘caiga quien caiga’, es decir –con un sentido más positivo- mirando por el bien de la organización y sin particular acepción por unas u otras personas.

 

Se ha asociado la función de compliance a la figura del consejero independiente en las grandes corporaciones, pero esta asociación cuando menos plantea algunas dudas a la vista de los interrogantes que despierta la eficacia de dicha independencia: ¿Independiente de quién?, ¿de quién le nombra?, ¿hasta dónde llega esa independencia cuando su nombramiento pasa a constituir su fuente principal de recursos? El consejero independiente según los requisitos formales de la ley está llamado a ser un profesional que puede verdaderamente aportar valor a la compañía, a moderar los intereses de los consejeros dominicales defendiendo los de aquellos accionistas sin representación en el Consejo, pero la forma de hacerlo no requiere el ejercicio de la función de compliance, es más podría ser desaconsejable encasillar en esa misión a quien tiene otras formas de velar activamente por lo que será bueno para la compañía, también por la ética en la toma de decisiones al más alto nivel.

 

Lo dicho con carácter general, naturalmente depende en buena medida del perfil, tamaño y estructura de la compañía. En una empresa de grandes dimensiones, con el accionariado muy disperso, son los equipos directivos quienes asumen la iniciativa de la gestión y toman la mayor parte de las decisiones resultando la función del Consejo en su mayor parte de carácter supervisor y en menor medida de carácter ejecutivo, o reducido éste al trazo de unas líneas generales que finalmente tomarán el camino que determinen los gestores.

 

Profesionalidad de la función de compliance

 

Todo esto nos conduce, además de otras consideraciones, a abogar por la figura de un profesional para el ejercicio de la función de compliance.

Un profesional que pueda mantenerse cercano a las actividades de la gestión del equipo directivo al que deberá de supervisar en garantía del cumplimiento de requisitos y normativas aplicables, y si es el caso ofrecer orientaciones. Un profesional al mismo tiempo próximo al Consejo para transmitirle las eventuales circunstancias que concurran en el ejercicio de sus responsabilidades.

 

Se podrá argumentar que un profesional contratado para ejercer la función de compliance, por los mismos razonamientos empleados al hablar del consejero independiente no podrá ser objetivo, que actuará condicionado, que carecerá de autonomía necesaria pues no deja de ser un subordinado. Craso error, el caso no es el mismo. Dejando al margen las condiciones que debe de reunir el oficial de cumplimiento que merecen ser tratadas más detenidamente, la gran diferencia está en que al profesional responsable del cumplimiento se le paga no solo para observar y aconsejar sino para, y precisamente para, decirle a la organización aun lo que no espera oír, llamando al pan, pan, y al vino, vino, y de no hacerlo así pone en juego su prestigio profesional y su trabajo.

 

© Juan Bosco Gimeno

 

(1) CP Art 31 bis. Núm. 2 – 2ª.  “La supervisión del funcionamiento y del cumplimiento del modelo de prevención implantado ha sido confiada a un órgano de la persona jurídica con poderes autónomos de iniciativa y de control o que tenga encomendada legalmente la función de supervisar la eficacia de los controles internos de la persona jurídica”.

(2) Diccionario de la RAE. “Decirle sin rebozo ni miramiento cosas que le duelan”.

 

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